La pregunta interesante respecto de los límites que nos impone aceptar que sí existe una naturaleza humana, aun cuando no agote nuestras explicaciones de fenómenos sociales, es qué dice respecto de políticas públicas.
A lo menos debemos evitar políticas públicas que terminen siendo saboteadas por los seres que teóricamente debieran ser beneficiados por ellas... En Chile tenemos un ejemplo claro en nuestro intento de intervenir los mercados en pos de la justicia social. Hay sin duda regulaciones que pueden y deben implementarse para estos efectos, pero ¿qué sucede cuando lo que ocurre, en efecto, es la clausura del mercado como mecanismo? Curiosamente, nadie había hecho caso de las advertencias de Gramsci al respecto, cuando decía que la clausura de los mercados oficiales simplemente genera la aparición de mercados negros! Desde una perspectiva evolucionaria, si constatamos que el intercambio es un fenómeno tan antiguo como la humanidad, sería sensato suponer que una decisión que intente interferir con algo que nos es tan natural terminará mal...
Algo similar puede que ocurra si se diseñaran políticas que intenten frenar otros impulsos humanos, como el impulso de compartir. El fenómeno es complejo, pero me pregunto ¿cuánto podrán controlarse fenómenos que abundan en la web como el peer to peer en sus distintas formas, o el movimiento de software abierto y gratis, o las infinitas formas de colaborar que existen, si se insistiera (como quisieran algunos) en forzarlas en el mismo modelo de operación de los mercados? Sospecho que una política que intentara torcer algo que también nos resulta natural, terminaría igualmente mal... y ya abundan ejemplos.
¡Qué tozudos somos!

