La lectura del último libro de Marc Hauser, Moral Minds (Mentes Morales) genera el tipo de entusiasmo que asoma cuando antiguos debates reciben un nuevo aporte que, si bien no los eliminará, probablemente redefina la forma en la cual se han dado hasta ahora.
La tradición dominante respecto de la forma en la cual llegamos a nuestros juicios éticos, es que los obtenemos infiriendo lo que debemos hacer en casos particulares a partir de principios generales. Estos últimos pueden a su vez ser el resultado de razonamientos basados en nuestra experiencia, o de los consejos de nuestros padres y profesores. Para algunos, estos principios deben estar anclados en la revelación divina, ya que la verdades humanas están sujetas a una variabilidad y relativización inaceptables.
Últimamente se ha vuelto a valorar a autores como Hume que argumentaron que la razón era 'esclava de las pasiones', lo cual no es de extrañar dada la importancia que se le asigna hoy a las emociones en el comportamiento humano. Para Hume la moral se derivaba más bien de los 'sentimientos morales' que de la razón, una idea que compartió también en sus escritos sobre el tema Adam Smith.
El libro de Hauser, que es investigador principal del Laboratorio de Evolución Cognitiva de la Universidad de Harvard, parte de una idea más radical, que en términos de Dawkins podríamos pensar que es un meme que se expande en la zona de Cambridge... Tomando la idea iniciada por Chomsky, que propone que los seres humanos poseemos una sintaxis generativa universal, que subyace la aparente variabilidad de las distintas lenguas, Hauser propone que los procesos evolutivos han generado una facultad similar en relación a nuestros juicios morales – una especie de caja de herramientas moral, una gramática moral universal. Esta no es una propuesta que supone un determinismo tal que desaparece el libre albedrío, ya que reconoce que lo que está determinado son rangos de conductas que pueden o no ser consideradas aceptables, dejando espacios de variabilidad, pero si supone que el razonamiento y las emociones tienen un rol más limitado al momento de llegar a un juicio moral concreto. Tampoco elimina el rol del aprendizaje, pero nuevamente es una visión que limita su importancia en comparación con posturas clásicas sobre el tema.
Hauser parte de una idea de Rawls respecto de un supuesto instinto moral, y tal como Rawls se declara pluralista...
La noción de una gramática moral universal con variación paramétrica nos da una forma de pensar sobre el pluralismo. Nos obliga a entender cómo, al desarrollarnos, se fijan ciertos parámetros como resultado de la experiencia. También nos exige entender que, una vez fijados, el sistema moral de otra comunidad nos puede dejar tan perplejos como nos ocurre con su idioma. El apreciar el hecho de compartir una gramática moral universal, y que al nacer podríamos haber adquirido cualquiera de los sistemas morales que existen en el mundo, nos debiera hacer sentir reconfortados, sentir que tal vez podamos entendernos.
Confieso no haberlo terminado aún, pero está lleno de ejemplos que ilustran por qué está planteando esta hipótesis innatista y me parece un libro importante de leer.
Aquellos para quienes leer un libro entero en inglés es mucho pedir (no creo que tarde la traducción) pueden leer una entrevista publicada por American Scientist Online pinchando a continuación.
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